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- No
se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.
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Enseñar no es una función vital, porque no tiene el fin en sí misma; la función
vital es aprender.
- El
tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes.
- Es
preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.
- Las
cosas se llaman equívocas cuando sólo tienen de común el nombre.
- Si
la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños.
- La
primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se
desarrolle.
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Debo, puedo, luego quiero.
- Los
bribones y los necios son plantas de cualquier terreno.
- Sólo
en un mundo de hombres sinceros es posible la unión.
- El
presente es la viviente suma total del pasado.
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Hablar es el arte de sofocar e interrumpir el pensamiento.
- Para
disipar una duda, cualquiera que fuera, se necesita una acción.
- De
nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, lo único bueno que
puede hacer es intentar mejorarlos.
- Es
un error esencial considerar la violencia como una fuerza.
- El
conocimiento nos hace responsables.
- El
valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad.
- Hay
que evitar el combate. Hay triunfos que empobrecen al vencido, pero no
enriquecen al vencedor.
- No
es tan dañino oír lo superficial como dejar de escuchar lo necesario.
- Los
malos hábitos es más fácil romperlos que enmendarlos.
- El
ser humano no es totalmente culpable puesto que no ha empezado la historia, ni
tampoco totalmente inocente puesto que la continúa.
- Una
prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será
otra cosa que mala.
- Es
muy fácil obtener fama, pero es muy difícil merecerla.
- El
otoño es una segunda primavera, donde cada hoja es una flor.
- Si
el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.
- La
capacidad de un hombre es limitada y debe ser espoleada por la provocación.
- Un hombre sin ética es
una bestia salvaje soltada a este mundo. |